El Espeto
La Málaga gastronómica es la historia de los chiringuitos de sus playas de chinos y oscura arena. Y de entre ellos, los de Pedregalejo y El Palo fueron los primeros en implantar este tipo de establecimientos que luego darían tanta fama a la ciudad. Barrios de pescadores de humildes casas junto a la playa desde la que mediante «El Copo», ese arte de pesca tan nuestro, se proveían del pescaíto que sus mujeres freían.
Las rústicas mesas de madera y las sillas de tijera se ponían sobre la arena y, con tiempo y una caña, los primeros clientes, malagueños ellos, fueron apareciendo para disfrutar en vivo y al sol de las delicias de una mar en calma pletórica de vida pescadera, de jábegas y traíñas. Los chanquetes y boquerones hicieron el resto. Y los malagueños empezaron a enseñarlo a los visitantes y el turismo hizo el resto.

Amoragar
Es el verbo y la costumbre de asar los pescados en las playas, aunque las sardinillas hayan sido siempre las protagonistas y reinas de las moragas.
Espetar
Es el arte de ensartar en una caña sus carnes para pincharla en la arena a merced de la hoguera hecha brasas y la brisa hecha calor. De ahí la importancia de conocer el oficio y dominar las habilidades necesarias para obtener el resultado perfecto.
En Las Palmeras oficia Cristian como cocinero de espetos, quien aprendió el oficio del maestro de maestros, D. Bernardo Murillo.
¡Y vaya si lo aprendió bien!
Hoy día en la barca de nuestro chamizo se asan al espeto todo tipo de pescados: salmonetes, urtas, pargos, rodaballos, etc.
Y también mariscos como el carabinero. O la gamba roja. Consiguiendo que queden en su punto perfecto de cocción, prietos, enteros, dorados, calientes, jugosos y más sabrosos que de ninguna otra manera pues llevan consigo el aire y la sal marinas y la leve fragancia de las ascuas de olivo. ¿Qué más se puede pedir?






